Alrededor del siglo IV a.C.,Roma
estaba envuelta por murallas de piedra volcánica de unos tres metros y medio de
altura, pero eso nunca ha definido a la antigua Roma. Por entonces, se hallaba
rodeada por sus doce puertas, con sus doce nombres, mientras las catapultas
amenazadoras, junto a su guardia, guardaban el sueño de los romanos. La muralla
no era un elemento constituyente suyo. Las primeras murallas (las murallas denominadas
anacrónicamente servianas) se erigieron como defensas frente a la invasión de
los galos del año 386 a. C. Lo que caracterizaba propiamente a Roma era el límite
sin
muralla denominado
pomoerium. El pomoerium era una franja de
terreno, señalada por unos mojones, que son propiamente señales de calzada (los
cippi
pomoerii),
que separaba el territorio de la urbs (dominio de los ciudadanos) del ager (dominio de
agricultores y soldados). En un principio no existía la propiedad privada y la
riqueza se medía en rebaños (peculio) Tan marcado estaba este límite que, antes
de franquearlo, los magistrados con imperium militiae debían deponer éste
dejando sus tropas extramuros de la ciudad, en el campo de Marte (Marte, el
dios de la guerra, junto con otros dioses cuya influencia era considerada
peligrosa para la comunidad, como Vulcano, dios del fuego o Venus, diosa de la
lujuria, recibían culto fuera del pomoerium). En términos legales, Roma, solo
existía dentro del pomoerium. Tampoco la cremación ni la inhumación de cadáveres
estaba permitida en el interior sagrado del recinto urbano. Lo relevante para nosotros,
lo que muestra la vocación de trascenderse de ese contorno mágico que fue el pomoerium, es la relación
entre éste y el limes o, dicho de otro modo, entre la ciudad y el imperio: Según Aulo
Gelio el derecho (ius) de ampliar el pomoerium era potestad de quien había ampliado
el ager(terreno)
romano capturándolo al enemigo. La ampliación
centrífuga del espacio militar (ager) conllevaba la ampliación correlativa del espacio civil (urbs). El pomoerium resulta ser así un eco,
un reflejo del limes. Por eso Roma no tiene murallas: porque no mira hacia su interior
sino hacia fuera. No es determinación, es disposición. Roma no da la espalda al mundo: Roma aspira a ser el mundo.
domingo, 17 de agosto de 2014
Polis vs Urbe
«Pólis»
deriva de la raíz indoeuropea *pel – en su variante en grado o:
*pol(
)-u-. El lexema indoeuropeo expresa la idea de llenar. También remite
a
las nociones asociadas de abundancia y multitud (abundante, multitudinario,
es
lo lleno). «Pólis» guarda un estrecho parentesco etimológico con los
vocablos
griegos «pléos» (lleno), «polýs» (mucho) y «plêthos» (multitud).
Aristóteles,
por lo tanto, usa pleonásticamente el vocablo «plêthos» al definir
a
la pólis como «una cierta multitud (plêthos) de ciudadanos».
El
término «plêthos» designa en Aristóteles una cantidad numerable (frente a mégethos,
cantidad medible). La ciudad es, por consiguiente, un cierto número .Plêthos será
vertido en latín por el vocablo «multitudo». El que el estado sea definido más
tarde por Spinoza como el poder de la multitudo2, es decir, como el derecho de
un metaindividuo compuesto de una multitud de individuos, no hace sino mostrar
el trasfondo «político» de su reflexión política.El concepto de «multitud» no
es banal. Como escribe Hanna Arendt, «La política se basa en la pluralidad de
los hombres». Mientras que el hombre es un asunto propio de la filosofía o de
la teología, los hombres, por el contrario,son el dato fundacional de la política.
La política surge entre los hombres, es ese entre. La agorá, como veremos,
puede entenderse como la traducción urbanístico-política de ese entre.La pólis,
no es sólo una mera cantidad (numerable) de ciudadanos, una multitud; es
también una unidad, un todo. Esa unidad se denomina en griego
koinonía,
comunidad. «Toda pólis —leemos en la Política aristotélica— es
una
cierta comunidad»4. Pero ¿qué es lo común (tò koinón) que funda la comunidad
(koinonía)?
Según Aristóteles, aquella acción (prâxis) que une a los elementos actores de
la misma con los que la padecen. Por ejemplo, en la batalla, en el agón, la
acción de matar une al elemento ejecutor (pongamos por caso Aquiles) y al que
recibe la muerte (por ejemplo Héctor). La koinonía es, por lo tanto, acción
recíproca entre un elemento activo y su correlato pasivo, entre agente y paciente,
entre Aquiles y Héctor. En la tabla categorial de la Crítica de la razón pura esta
acción, que Kant denomina precisamente «Gemeinschaft» (comunidad), figura como
la tercera de las categorías de la relación (Relation). La comunidad política es
el conjunto de acciones recíprocas que se ejercen entre los ciudadanos, o, por
decirlo con palabras de Aristóteles, el «poner en común palabras y actos» (kaì
lógon kaì pragmáton koinoneîn)6. Ese espacio común que crean las acciones y las
palabras entre los actores o ejecutantes de las mismas y los que las padecen o
reciben es, como escribe Hanna Arendt, la pólis.El ordenamiento de esa comunidad
de acciones y palabras es la politeía. Ésta es, según Aristóteles, la que
otorga una identidad a la comunidad política.La politeía o constitución es lo
que hace de la pólis algo «político»; laforma que conforma la materia que son
los polîtai9. Y es así porque intro-duce un orden (táxis) en la multitud que
vive en la pólis10. ¿De qué orden se trata? De «un orden de los diversos poderes
(archaí) de la ciudad». Ese quedeterminará el tipo de relaciones (recíprocas) entre
los ciudadanos. Frente a las monarquías orientales para las que esas relaciones
son de dominación unidireccional, asimétrica, vertical (de arriba abajo) de uno
respecto a todos, a pólis griega organiza el espacio político como un plexo de
relaciones simétricas y reversibles de todos con todos en torno a un centro. «Depositar
el poder en el centro —escribe J.-P. Vernant— es arrancar el privilegio de la
supremacía a todo individuo particular para que nadie domine a nadie. Fijado en
el centro, el kratos escapa a la apropiación particular para llegar a ser común
a todos los miembros de la colectividad. Cada uno manda y obedece, a sí mismo y
al mismo tiempo a los otros. Para los habitantes de una ciudad es una sola y
misma cosa depositar el kratos en el centro yafirmarse libres de toda
dominación» La agorá será ese centro común. Punto de convergencia de una
geometría política basada en la igualdad de derechos (isonomía) y en la
equivalente distribución de la palabra pública (isegoría). Ese centro,
precisamente por ser el depositario del kratos común, es un espacio «ácrata».
De nadie y de todos. Punto ciego, neutro, vacío, del orden político, que es, sin
embargo, condición de posibilidad suya.
TEÎCHOS (MURALLA)
Como hemos visto, «pólis» nos remite a la
idea de llenar. Sólo puede estar lleno
un espacio limitado, definido por algo
que posibilite su saturación impidiendo. La salida al exterior. Luego la idea de
llenar implica la de interioridad.El cerco o límite que define a la pólis como aquel interior susceptible de estar lleno
y, por lo tanto, devenir multitudinario, es la muralla (teîchos). La muralla es la
que hace de la multitud de ciudadanos, por usar la expresión de Elías Canetti,
una masa
cerrada13
Aunque Aristóteles expresamente descarta la muralla como aquello que hace que
la ciudad sea una, «pues una sola muralla podría rodear el Peloponeso la
muralla no es algo accidental a la pólis. «Pólis» precisamente designaba originalmente, en la
Grecia arcaica, frente a ásty (mera concentración urbana), la ciudad amurallada, la ciudadela. Sólo posteriormente
aludirá a un núcleo habitado, a una constitución política o a un país15. La
ciudad no es algo previo a la muralla sino al revés: es la muralla la que, reuniendo a la
multitud,
hace la ciudad. No es, por lo tanto,
la ciudad la que decide en determinado momento amurallarse sino que es, por el
contrario, la
muralla la que, al cerrarse sobre sí, se descubre ciudad.
Por eso las ceremonias de iniciación
de los adolescentes por las que se
convertían en ciudadanos de pleno
derecho se llevaban a cabo en los santuarios extraurbanos principalmente
consagrados a los dioses horios (los dioses del límite [hóros]) porque es desde la
muralla desde donde se toma cabal conciencia de la ciudad. Como ha escrito Mª.
Cruz Cardete del Olmo: «El santuario extraurbano es el anverso del ágora, el
negativo de la foto, como lo es el efebo del adulto con derechos plenos. La frontera
nutre al centro de nueva sangre que defenderá dicha frontera en un proceso que
se La muralla, por lo tanto, no sólo es el dintorno del afuera sino, sobre todo, el contorno del adentro. Su dinamismo no es únicamente
centrífugo, de repulsión de lo
exterior, sino también centrípeto, de recolección de lo interior. No tiene sólo como función
rechazar al enemigo extranjero sino, también, y sobre todo, reunir a los
enemigos interiores. La mirada desde la muralla hacia el
exterior es la de la guerra, la mirada hacia el interior es la de esa otra
guerra que es la política. «La política —escribe Jean-Pierre Vernant— puede definirse como
la ciudad vista desde dentro, la vida pública de los ciudadanos entre sí, en lo
que les es común más allá de los particularismos familiares. La guerra es la
misma ciudad con su rostro vuelto hacia el exterior, la actividad del mismo
grupo de ciudadanos enfrenta- dos esta vez con algo distinto de ellos, con lo
extranjero, es decir,por regla general, con otras ciudades»
La guerra es una relación con el enemigo extraño, mientras que la política
nos pone en relación, por así decir, con el enemigo íntimo. Guerra y política son
así dos caras de lo mismo. Las dos caras de la muralla.El espacio de juego de
las relaciones recíprocas (de poder) que constituyen la comunidad política es
delimitado por la muralla. Pero al mismo tiempo la muralla establece también
relaciones de reciprocidad entre uno y otro lado de la misma. Es decir: no sólo
es comunidad
lo
que se juega intramuros de la ciudad, sino también lo que se juega entre la
ciudad y lo que fuera de ella
pugna por disolverla, por destruirla.
Peter Sloterdijk afirma en Esferas que si en la era de
la metafísica clásica prima la búsqueda de una totalidad dentro de la cual
cobijarse, en la modernidad es prioritaria la libertad, el impulso que lleva a
rebasar el horizonte. También en la muralla de la ciudad antigua podemos hallar
esos dos impulsos de cobijo y rebasamiento: la muralla configura una totalidad,
una esfera, dentro de la cual
vivir, pero al mismo tiempo apunta a lo que hay tras ella invitando a ser
traspasada. La ciudad griega (la pólis) y el imperio romano podrían ejemplificar a
mi juicio las estructuras cívico-políticas del mundo antiguo,
correspondientes a esos anhelos de
cierre y de apertura. La ciudad griega sería
el resultado de limitar la ciudad dentro de la muralla
mientras que el imperio
sería el efecto de hacer la ciudad fuera de la ciudad, allende la muralla.
«Urbem fecisti —dice Rutilio Namaciano
a Roma— quod prius orbis erat»19.
Con Roma, en efecto, el orbe se transforma en urbe20. Podríamos decir que en
la ciudad griega el límite opera fundamentalmente como determinación,mientras que en Roma
el límite es disposición21. La pólis es la ciudad en sí; elimperio es la
ciudad como lo
otro de sí.
17 J.-P. VERNANT, «La guerra de las ciudades»,
en Mito
y sociedad en la Grecia antigua,
lunes, 7 de julio de 2014
Las espinas de las palabras
Percepción
El termino “percepción”
es inasible. Carece de designación aunque apriorísticamente lo usamos para
vincular cosas que podemos nombrar. Basta notar que “la percepción” autentifica
aquello que semánticamente podríamos poner en duda. Los sentidos siembran una
reconstitución del significado cuando la apelación que realizábamos de esa idea
ya no se vincula con el pasado.
Desde el pasado, la experiencia se torna
inauténtica.
Todo lo que no es presente es memoria.
Todo lo recordado deja de ser percibido.
La percepción puede ser retrospectiva incluso. Pero
no es recuperable.
Intentamos percibir el pasado en el presente. De
hecho el presente es algo que “ya ha pasado”.
Las palabras limitan lo pasado como algo que se hace
efectivo en el pasado.
Lo que se esconde en el decir, no es posible
aprehenderlo con el pensar. Las palabras son inadecuadas a nuestro sentir. La
percepción sobrepasa lo nombrado, todo el pensamiento “lógico”, todo el
racionalismo cae como todo el proceso de extracción de sentido y de fabricación
de términos.
Las palabras “imponen” significado. Pero ellas
mismas “no significan”. La equivalencia termino- significado significa dominio.
El lenguaje es la estructura que intentamos dominar para explicar las cosas. Lo
que percibimos es parte de un deslizamiento de algo que tiene su origen, tiene
un desarrollo y se supone que tendrá un final. Este “deslizamiento” muestra
solamente un pequeño fragmento de su origen. El momento concreto en el que
percibimos algo que cae al suelo como una manzana desde un árbol, no significa
nada más que una hipótesis. La percepción, carece de “dominio”. Guarda tantas
conexiones con cosas que no son
perceptibles, que nunca llegamos a “ver” ni a “oír,” los sentidos no llegan
nunca ha hacer “suyo” algo que les es ajeno.
La aparición de nuevos términos, va asociada a la aparición
de nuevas ideas que modifican el comportamiento humano. Las palabras
promocionan un tipo de acción, un objetivo, un alejamiento de otras ideas con
las cuales entraba en conflicto. Ahora me viene a la mente una: Escrache y sé
que es de factura reciente, pues es una apropiación de un término ingles, para
designar algo que antes no se percibía. Aquí lo tenemos, las palabras alteran
nuestra percepción del entorno, cuando entran en el juego especulativo de que
todo cuanto contemplo SIGNIFICA ALGO.
Aseguramos la promoción de las ideas respecto a los términos
abiertos. Cuando menos signifiquen las cosas; mejor. Aumentamos la cohesión con
las fuerzas restrictivas, les damos unidad. No hay que pensar para aceptar. ¿Usted
no se dio cuenta de que aquello que hacía, no se podía hacer? ¿No vio el
peligro? Es muy común asentar reglas sobre ello. Las reglas suponen que cada
idea y cada término proceden de un tipo de ámbito restrictivo.
Violencia de género, violencia machista, defiende tu
territorio, no fumar, ceda el paso.
Todas estas ideas no se entienden sin un sistema represivo que las
instaura. Pero también hay un sistema represivo “positivo” como: ¿cerrara la
puerta, por favor? Lamento tener que comunicarle…
El hombre vive performativamente realizando la vida
de un actor que no percibe su entorno. “nosotros” que sabemos, todavía no hemos
percibido ni tan siquiera nuestro entorno más intimo: Las gafas sobre la mesita
de noche y un libro abierto.
El lenguaje: esa fábrica de taras
Vivimos conforme a modelos perfectamente delimitados.
A medida que nos adentramos en este mundo, ya no podemos salir. Es un
movimiento unidireccional que nos empuja a entender lo que otros han establecido.
Cuanto más fácilmente nos adentramos en este sistema de ideas, menos lo
entenderemos. Damos por hecho la constitución de esta verdad “objetiva” que
sirve para evitar que tomemos conciencia de nuestra precariedad intelectual.
Las palabras son taras.
Existe un mundo definido, muy limitado, de realizaciones posibles. Un patrón estandarizado de idealizaciones inestables y de
definiciones nominales que integran al individuo en unos raíles de los que ya
no se puede desprender. Las ideas formadoras de estas palabras son creadoras de
la desigualdad. Esta idea la extraigo de Pierre Bordieu, que asegura que la educación
es un sistema imaginado para perpetuar la desigualdad.
Las ideas son un mundo de conjuntos. En nuestro ámbito
de acción, tomamos un poco de cada ámbito. Los conjuntos que tomamos los damos
por ciertos, mientras que aquellos a los cuales no nos acercamos los damos por
no ciertos. Es el conjunto en su totalidad, desde nuestro discurso, el que
damos por cierto, pero no su “procedencia” de la cual ignoramos su origen.
Profesionalmente, el policía habla desempeñando un papel que traslada a la vida
diaria. En su ámbito domestico puede deshacerse un poco de este papel, pero
nunca lo conseguirá del todo mientras no abandone los conjuntos de los que toma
su discurso.
Las ideas se fusionan y se recombinan, el
comportamiento modificado significa que aquel que lo adopta, ha abandonado el
pensar en su esencia. Así, una mayor confianza, un mayor prestigio social hará
de este individuo un “tarado”, un asimilador de taras. Pues la relación objetiva
con el poderoso escudo protector le servirá para promocionarse
Las palabras fabrican “taras”; pequeños defectos que
se magnifican y expanden por el uso. Cuando menos se adapten a lo externo,
tanto mejor. El ámbito del pensar divaga buscando frecuencias superpuestas cuyo
avance progresa al revés. Lo que está arriba, lo encontramos abajo. A simple
vista no se reflejan los daños. Toda la estructura parece solida. Damos un
golpe a la puerta, -como para llamar- y al rato toda la estructura se
desmorona.
Las ideas
son entes abstractas, a decir verdad; son simple energía. Aquello que pienso es
una abstracción de una realidad que no llego nunca a percibir. Lo “no visto” no
se piensa. Aquello que intuyo es a lo que doy el contexto de mi realidad. Las
ideas se codifican en palabras. El lenguaje significa de una determinada manera
completamente distinta a la de las cosas nombradas. Las ideas tienden a
extender su estructura muy por encima de la posibilidad de existencia de mi
entorno perceptual. Aquello que nombro deja de ser algo “potencial” para
destacar una determinada forma de toda su potencialidad.
A medida que
sabemos lo que las cosas son, somos nosotros los que dejamos de entender las
cosas. Nuestro comportamiento respecto a a algo es modificado conforme a la
actitud cognoscitiva de lo que ese algo es.
El
subjetivismo del valor del nombre es el hecho de aceptar que lo nombrado
permanece ligado a la estructura de nuestro lenguaje, por encima de toda
indeterminación.
Dado que
apresamos ideológicamente entes por medio de nombres. Nuestra relación con la
verdad es disuelta por la promoción de la estructura gramatical. La
identificación palabra – significado es total cuando alguien es nombrado y el
ser nombrado se da por aludido.
Las palabras
no dicen
Muy al
contrario de lo que pudiera parecer en un primer momento, las palabras “crean
la necesidad de no tener que explicarlas”. La autonomía que posee el lenguaje
respecto a lo que aparece todavía como “no nombrado” es total. Toda cosa (res)
nombrada adquiere el significado de objeto y por tanto, sigue siendo algo
“innominado”.
Carece de importancia
nombrar las cosas, pues la posibilidad de un “si mismo y para sí” no pertenece
al ámbito de alguien que no se exprese. Al margen de la comunicación humana,
tampoco no existen cosas. Todo lo que está sobre nuestras cabezas no se
corresponde con la palabra “cielo”. Todo lo que vemos en la playa, no se
corresponde con la palabra “mar”. De lo infinito e inconcreto pasamos a un
modelo de entendimiento “ideal”: mar y cielo sirven para todos los mares y
todos los cielos. La magia reside en que “no significan” y que si uno no ha
experimentado la visión del mar y del cielo, también carecen de “imagen” que es
a lo único que se remiten.
El fuego
mismo es el elemento de nuestro pensar. El fuego no piensa sino que “arde”. La
materia misma es transformada a través del fuego. Si hay fuego es porque reina
lo simple. Lo interior es transformado en una exterioridad purificada. Censurar
el lenguaje hablando es como inocular un veneno que se pretende erradicar.
El hombre
actor se explica asignándose un lugar en un ámbito donde no sentir el miedo de
la existencia. Un miedo que, bien podría purificarle, pero que al ser negado es
trasladado a un mañana en el que aparecerá con todas sus consecuencias.
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sábado, 5 de julio de 2014
Guy Debord, la sociedad a la deriva
Los escombros plantean inmediatamente problemas de gestión: ¿cómo deshacerse de ellos? ¿Qué reconstruir? Así fue como rápidamente surgió en Nueva York la pregunta de si era preciso reconstruir de forma idéntica las Torres Gemelas o si se debía sustituirlas por otra cosa (conservando, evidentemente, algo del pasado, una alusión, una cita, un poco al modo en que, en Berlín, el campanario rajado de la Gedächtniskirche pretende ser un recordatorio del pasado). En cualquier caso, las destrucciones, terroristas o de otra índole, tienen fecha, y la funcionalidad perdida (para la cual se buscan «con la precipitación propia de las catástrofes» soluciones de recambio) debe recuperar su lugar. Estamos lejos del tiempo puro que se desliza entre los pasados múltiples y esa funcionalidad perdida, pero menos lejos de la transformación en espectáculo que recupera tanto los acontecimientos como las ruinas.
La conciencia de sí está en sí y para sí cuando y porque está en sí y para sí para otra conciencia de sí; es decir, que no existe sino como ser reconocido
Hegel, Fenomenología del espíritu.
Hegel, Fenomenología del espíritu.
En el mundo realmente invertido lo verdadero es un momento de lo falso.

En el espectáculo, imagen de la economía reinante, el fin no existe, el desarrollo lo es todo.



El espectáculo somete a los hombres vivos en la medida que la economía les ha sometido totalmente.
El espectáculo es la pesadilla de la sociedad moderna encadenada que no expresa finalmente más que su deseo de dormir.
lo permitido se opone absolutamente a lo posible.
El sistema económico fundado en el aislamiento es unaproducción circular del aislamiento. El aislamiento funda la técnica, y el proceso técnico aísla a su vez. Del automóvil a la televisión, todos los bienes seleccionados por el sistema espectacular son también las armas para el reforzamiento constante de las condiciones de aislamiento de las "muchedumbres solitarias". El espectáculo reproduce sus propios supuestos en forma cada vez más concreta.
El espectáculo es una guerra del opio permanente dirigida a hacer que se acepte la identificación de los bienes con las mercancías; y de la satisfacción con la subsistencia ampliada según sus propias leyes.
Sobrepasar el arte
realizacion de la filosofia


El valor de cambio no ha podido formarse más que como agente del valor de uso, pero esta victoria por sus propios medios ha creado las condiciones de su dominación

El espectáculo es el dinero que solamente se contempla porque en él la totalidad del uso ya se ha intercambiado con la totalidad de la representación abstracta.

El espectáculo no es sólo el servidor del pseudo-uso, él es ya en sí mismo el seudo-uso de la vida.
El resultado concentrado del trabajo social, en el momento de la abundancia económica, se transforma en aparente y somete toda realidad a la apariencia

Lo que es inconsciente permanece inalterable. Pero una vez liberado ¿no cae a su vez en ruinas?" (Freud).
la sociedad moderna ya ha invadido espectacularmente la superficie social de cada continente. Define el programa de una clase dirigente y preside su constitución.

Es la unidad de la miseria lo que se oculta

El sujeto de la historia no puede ser sino lo viviente produciéndose a sí mismo, convirtiéndose en dueño y poseedor de su mundo que es la historia y existiendo como conciencia de su juego.
viernes, 4 de julio de 2014
El miedo de Durkheim a Elias
Según Durkheim en las sociedades simples donde
solo hay una limitada división del trabajo (o un bajo nivel de diferenciación
social) los individuos son relativamente intercambiables. El miedo se relaciona
con lo que deseamos y con lo que rechazamos. El miedo trasciende nuestras
perspectivas de bienestar. Solo la cohesión social mejora nuestras expectativas
de bienestar. En estas sociedades dependen todos de todos y todos comparten una
conciencia colectiva, o un sentimiento de pertenencia a esa sociedad que
garantiza la cohesión social y la supervivencia de esa sociedad.
En las sociedades modernas, con tecnologías avanzadas y gran división del trabajo, los individuos son interdependientes, es decir, dependen unos de otros para satisfacer sus necesidades básicas. Las sociedades modernas también necesitan de algún tipo de conciencia colectiva: una serie de valores o visiones del mundo comunes y compartidas que actúen como “pegamento social” moderando las aspiraciones puramente egoístas de los individuos y manteniéndoles unidos por encima de sus intereses particulares, pero sin ahogar estos. Cómo conseguir este equilibrio entre las aspiraciones individuales y la cohesión social es uno de los principales temas de reflexión de Durkheim.
En las sociedades modernas, con tecnologías avanzadas y gran división del trabajo, los individuos son interdependientes, es decir, dependen unos de otros para satisfacer sus necesidades básicas. Las sociedades modernas también necesitan de algún tipo de conciencia colectiva: una serie de valores o visiones del mundo comunes y compartidas que actúen como “pegamento social” moderando las aspiraciones puramente egoístas de los individuos y manteniéndoles unidos por encima de sus intereses particulares, pero sin ahogar estos. Cómo conseguir este equilibrio entre las aspiraciones individuales y la cohesión social es uno de los principales temas de reflexión de Durkheim.
Emile Durkheim
En “Las reglas del método sociológico” (1895) Durkheim insistió que la sociología debía basarse en la observación y en la aplicación del método científico (en oposición a la filosofía) Toda nuestra vida está dominada por nuestros temores a fracasar en todo cuanto nos proponemos. El miedo sustenta nuestra vida.Los hechos sociales tienen auténtica consistencia social y constriñen o influencian sus acciones (las normas, las instituciones son poderes para manipular el miedo, para hacer que una persona avance o se detenga). Cuando el gobierno no puede alterar el miedo de los individuos, estos se subvierten en sus maneras de obrar, de pensar y de sentir oponiendose a la corriente vigente y formulando un poder paralelo por el cual se le imponen. A veces se le demanda a la ciudadanía mansedumbre, mientras que en otras ocasiones se demanda ferocidad. Son parte de la supremacía material y moral que la sociedad tiene sobre sus miembros. Tienen por efecto fijar, instituir fuera de nosotros, determinadas maneras de obrar y determinados juicios, que no dependen de cada voluntad particular tomada separadamente. Por ello centra sus estudios en las instituciones que define como todas las creencias y formas de conducta instituidas por la colectividad.
Bourdieu aceptó de manera abierta que el principal problema de su
progra-
ma de investigación se construyó retomando el proyecto durkheimniano
sobre una sociología de las estructuras del espíritu. Es decir, aplicar a
las so-
Ciudades modernas lo que Emule Durkheim aplicó al problema de la
religión
En las sociedades primitivas. Sólo que esos problemas gnoseológicos,
en
el caso de las sociedades modernas, se vuelven problemas políticos:
“no
se puede no ver que las formas de clasificación son formas de
dominación,
que la sociología del conocimiento es inseparablemente una sociología
del
reconocimiento y del desconocimiento, es decir, de la dominación
simbólica”
"La oposición que la sociedad
burguesa opone al fascismo es igual a cero. Los fascistas además, se han
apoderado de Nietzsche y continúan beneficiándose de esta apropiación de
la misma manera que lo hacen los medios anti-fascistas burgueses" De
esta manera, advierte George Lukács, el Imperialismo es el problema común.
George Lukács
A diferencia de Weber, Elias observa que
en Occidente la racionalización
Está ligada a la corte, las ciudades y las
normas de caballería. La racionaliza-
ción, un aspecto del proceso
civilizatorio, irrumpe por las presiones de todo el
entramado de funciones hacia una mayor
previsión y calculabilidad. Primero
se hace visible en la corte (Bourdieu dirá
que en la Iglesia)6
en el siglo Xv,
luego en la nobleza de Robe (Xvi-Xvii),
posteriormente en las capas de la bur-
guesía (Xviii), en el siglo XiX entre las
masas y, finalmente, en otros pueblos no
occidentales (XiX-XX)
Aqui, entramos en el meollo del asunto:
Aparece Norbert Elias, que cree que el proceso civilizatorio solo permanece
ligado al monopolio de la violencia. El miedo es importantisimo a la hora de
escapar de la maquinaria destructiva de la represión imperialista. A mayor
violencia, menor miedo. Pero surge un miedo interior (el miedo a desagradar)
Los modales exquisitos, el decoro y la educación en las buenas maneras
son el escenario idóneo de los duelos a muerte, de la decapitación publica, de
los códigos de honor.
El desprestigio es un (capital simbólico)
y se liga a la competencia por la dominación.
El miedo es la racionalización de la
conducta. El aumento de un comportamiento previsor, obstinado, empujado hacia
la materialización de fines y causas.
La violencia simbolica se basa en la diferencia entre los agentes sociales
dominantes y los dominados. La jerarquía es una lucha activa por exprimir a los
que son aplastados. Su cúpula posee gran autonomía y es muy dinámica.
Los locos permanecen aparte de todo lo que sucede en nuestra sociedad. Loco
es aquel que no entiende las cosas tal como se las relatan. Ve lo que otros no
ven, siente lo que otros no sienten. El loco no tiene miedo porque no entiende.
No responde a la realidad pero es el único que la entiende.
Norbert Elias
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