Por todas
partes se habla de lo mismo. El arte ha agotado todo su discurso, ya nadie
puede hacer nada nuevo. Pero esta idea alimenta la polémica de realizar algo,
que impacte fuertemente en la sociedad, y no hablo de algo original ni
transgresor sino simplemente de algo que se difunde por todas direcciones, que
se nos presenta en todos los ámbitos. En la falta de compromiso del arte esta
su éxito. Un éxito económico, una proliferación de publicitar un valor material
a través de la mercantilización de la cultura. Detrás del mercado del arte,
surgen las empresas que rentabilizan espacios urbanos esperando una
revalorización de la fundación que presiden para desmantelar los locales y
volver a convertir en liquido un dinero que siempre surge de la especulación (
da igual, que esta sea urbanística o cultural) Lo que más se ve es lo que más
vale. La obra desaparece, el nombre del que la hizo se difunde. La fama
consiste en la popularización; ella ya no alcanzara nunca al artista, pero su
testimonio ha desaparecido. Es muy necesario en el arte no decir nada, no
expresar, no hacer, no pensar…
El artista
es el primero que sufre del radicalismo político. El gobierno repite hasta la
saciedad un mismo estribillo sin sentido de la misma forma que como hacen los
padres con los niños “Marc, no te acerques tanto que te puedes caer…” El estado
propone una función comunitaria que desconecta al artista de cualquier forma de
polémica pero a veces realiza el movimiento en sentido contrario para demostrar
a la comunidad internacional “lo libres que somos”. El maquillaje siempre es
estético. El arte hace siempre la publicidad esperada. Los grandes creadores
son seres “dependientes” de subvenciones, de becas, de premios… todo el que camina por este sendero puede ver
al final, al político de turno tirando cacahuetes por el camino por el que el
futuro artista transitara.
Ya hace
mucho tiempo y no nos hemos dado cuenta de que el arte de hoy fue proyectado
hace veinte años. El arte no es artístico; es político. Al ciudadano le cuesta
engañarse, ya no posee un tiempo precioso para visitar galerías de arte y tanto
lo que se ve en la galería como lo que hace el artista aparecen virtualmente.
Ya nada sucede. Hay bosques llenos de esculturas, paredes en las calles con
obras protegidas, esculturas submarinas…
el arte lo ha invadido todo porque ya no está en ninguna parte.
El
reconocimiento al artista, se ha extinguido. El estado no interfiere en lo que
el artista haga pero educa en la idea de que toda crítica es estéril. Así las
cosas, tener controlada la creatividad de las personas es una labor diabólica.
No es necesario censurar. La idea consiste en premiar a quien menos dice. Para
ello se hace un intento de demostrar que somos libres focalizando obras sin implicación.
El artista debe saber de antemano que si intenta ir contra los dirigentes, perderá
muchos incentivos de conseguir hacerse un hueco en este mundillo; vamos, que será
anulado.
¿Qué palabra
puede usar el artista, cuando el subterfugio, de usar otros caminos más
indirectos, también ha sido valorado?
Lo último
que desea la clase dirigente es que alguien exalte más a la sociedad.
El mundo del
arte vive al margen de las manifestaciones que cada dia llenan las calles. Los
mismos políticos inauguran exposiciones de artistas afines y que no tienen nada
que decir. Mierda, no mierda de artista, simplemente mierda por todas partes.


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