Alrededor del siglo IV a.C.,Roma
estaba envuelta por murallas de piedra volcánica de unos tres metros y medio de
altura, pero eso nunca ha definido a la antigua Roma. Por entonces, se hallaba
rodeada por sus doce puertas, con sus doce nombres, mientras las catapultas
amenazadoras, junto a su guardia, guardaban el sueño de los romanos. La muralla
no era un elemento constituyente suyo. Las primeras murallas (las murallas denominadas
anacrónicamente servianas) se erigieron como defensas frente a la invasión de
los galos del año 386 a. C. Lo que caracterizaba propiamente a Roma era el límite
sin
muralla denominado
pomoerium. El pomoerium era una franja de
terreno, señalada por unos mojones, que son propiamente señales de calzada (los
cippi
pomoerii),
que separaba el territorio de la urbs (dominio de los ciudadanos) del ager (dominio de
agricultores y soldados). En un principio no existía la propiedad privada y la
riqueza se medía en rebaños (peculio) Tan marcado estaba este límite que, antes
de franquearlo, los magistrados con imperium militiae debían deponer éste
dejando sus tropas extramuros de la ciudad, en el campo de Marte (Marte, el
dios de la guerra, junto con otros dioses cuya influencia era considerada
peligrosa para la comunidad, como Vulcano, dios del fuego o Venus, diosa de la
lujuria, recibían culto fuera del pomoerium). En términos legales, Roma, solo
existía dentro del pomoerium. Tampoco la cremación ni la inhumación de cadáveres
estaba permitida en el interior sagrado del recinto urbano. Lo relevante para nosotros,
lo que muestra la vocación de trascenderse de ese contorno mágico que fue el pomoerium, es la relación
entre éste y el limes o, dicho de otro modo, entre la ciudad y el imperio: Según Aulo
Gelio el derecho (ius) de ampliar el pomoerium era potestad de quien había ampliado
el ager(terreno)
romano capturándolo al enemigo. La ampliación
centrífuga del espacio militar (ager) conllevaba la ampliación correlativa del espacio civil (urbs). El pomoerium resulta ser así un eco,
un reflejo del limes. Por eso Roma no tiene murallas: porque no mira hacia su interior
sino hacia fuera. No es determinación, es disposición. Roma no da la espalda al mundo: Roma aspira a ser el mundo.
domingo, 17 de agosto de 2014
Polis vs Urbe
«Pólis»
deriva de la raíz indoeuropea *pel – en su variante en grado o:
*pol(
)-u-. El lexema indoeuropeo expresa la idea de llenar. También remite
a
las nociones asociadas de abundancia y multitud (abundante, multitudinario,
es
lo lleno). «Pólis» guarda un estrecho parentesco etimológico con los
vocablos
griegos «pléos» (lleno), «polýs» (mucho) y «plêthos» (multitud).
Aristóteles,
por lo tanto, usa pleonásticamente el vocablo «plêthos» al definir
a
la pólis como «una cierta multitud (plêthos) de ciudadanos».
El
término «plêthos» designa en Aristóteles una cantidad numerable (frente a mégethos,
cantidad medible). La ciudad es, por consiguiente, un cierto número .Plêthos será
vertido en latín por el vocablo «multitudo». El que el estado sea definido más
tarde por Spinoza como el poder de la multitudo2, es decir, como el derecho de
un metaindividuo compuesto de una multitud de individuos, no hace sino mostrar
el trasfondo «político» de su reflexión política.El concepto de «multitud» no
es banal. Como escribe Hanna Arendt, «La política se basa en la pluralidad de
los hombres». Mientras que el hombre es un asunto propio de la filosofía o de
la teología, los hombres, por el contrario,son el dato fundacional de la política.
La política surge entre los hombres, es ese entre. La agorá, como veremos,
puede entenderse como la traducción urbanístico-política de ese entre.La pólis,
no es sólo una mera cantidad (numerable) de ciudadanos, una multitud; es
también una unidad, un todo. Esa unidad se denomina en griego
koinonía,
comunidad. «Toda pólis —leemos en la Política aristotélica— es
una
cierta comunidad»4. Pero ¿qué es lo común (tò koinón) que funda la comunidad
(koinonía)?
Según Aristóteles, aquella acción (prâxis) que une a los elementos actores de
la misma con los que la padecen. Por ejemplo, en la batalla, en el agón, la
acción de matar une al elemento ejecutor (pongamos por caso Aquiles) y al que
recibe la muerte (por ejemplo Héctor). La koinonía es, por lo tanto, acción
recíproca entre un elemento activo y su correlato pasivo, entre agente y paciente,
entre Aquiles y Héctor. En la tabla categorial de la Crítica de la razón pura esta
acción, que Kant denomina precisamente «Gemeinschaft» (comunidad), figura como
la tercera de las categorías de la relación (Relation). La comunidad política es
el conjunto de acciones recíprocas que se ejercen entre los ciudadanos, o, por
decirlo con palabras de Aristóteles, el «poner en común palabras y actos» (kaì
lógon kaì pragmáton koinoneîn)6. Ese espacio común que crean las acciones y las
palabras entre los actores o ejecutantes de las mismas y los que las padecen o
reciben es, como escribe Hanna Arendt, la pólis.El ordenamiento de esa comunidad
de acciones y palabras es la politeía. Ésta es, según Aristóteles, la que
otorga una identidad a la comunidad política.La politeía o constitución es lo
que hace de la pólis algo «político»; laforma que conforma la materia que son
los polîtai9. Y es así porque intro-duce un orden (táxis) en la multitud que
vive en la pólis10. ¿De qué orden se trata? De «un orden de los diversos poderes
(archaí) de la ciudad». Ese quedeterminará el tipo de relaciones (recíprocas) entre
los ciudadanos. Frente a las monarquías orientales para las que esas relaciones
son de dominación unidireccional, asimétrica, vertical (de arriba abajo) de uno
respecto a todos, a pólis griega organiza el espacio político como un plexo de
relaciones simétricas y reversibles de todos con todos en torno a un centro. «Depositar
el poder en el centro —escribe J.-P. Vernant— es arrancar el privilegio de la
supremacía a todo individuo particular para que nadie domine a nadie. Fijado en
el centro, el kratos escapa a la apropiación particular para llegar a ser común
a todos los miembros de la colectividad. Cada uno manda y obedece, a sí mismo y
al mismo tiempo a los otros. Para los habitantes de una ciudad es una sola y
misma cosa depositar el kratos en el centro yafirmarse libres de toda
dominación» La agorá será ese centro común. Punto de convergencia de una
geometría política basada en la igualdad de derechos (isonomía) y en la
equivalente distribución de la palabra pública (isegoría). Ese centro,
precisamente por ser el depositario del kratos común, es un espacio «ácrata».
De nadie y de todos. Punto ciego, neutro, vacío, del orden político, que es, sin
embargo, condición de posibilidad suya.
TEÎCHOS (MURALLA)
Como hemos visto, «pólis» nos remite a la
idea de llenar. Sólo puede estar lleno
un espacio limitado, definido por algo
que posibilite su saturación impidiendo. La salida al exterior. Luego la idea de
llenar implica la de interioridad.El cerco o límite que define a la pólis como aquel interior susceptible de estar lleno
y, por lo tanto, devenir multitudinario, es la muralla (teîchos). La muralla es la
que hace de la multitud de ciudadanos, por usar la expresión de Elías Canetti,
una masa
cerrada13
Aunque Aristóteles expresamente descarta la muralla como aquello que hace que
la ciudad sea una, «pues una sola muralla podría rodear el Peloponeso la
muralla no es algo accidental a la pólis. «Pólis» precisamente designaba originalmente, en la
Grecia arcaica, frente a ásty (mera concentración urbana), la ciudad amurallada, la ciudadela. Sólo posteriormente
aludirá a un núcleo habitado, a una constitución política o a un país15. La
ciudad no es algo previo a la muralla sino al revés: es la muralla la que, reuniendo a la
multitud,
hace la ciudad. No es, por lo tanto,
la ciudad la que decide en determinado momento amurallarse sino que es, por el
contrario, la
muralla la que, al cerrarse sobre sí, se descubre ciudad.
Por eso las ceremonias de iniciación
de los adolescentes por las que se
convertían en ciudadanos de pleno
derecho se llevaban a cabo en los santuarios extraurbanos principalmente
consagrados a los dioses horios (los dioses del límite [hóros]) porque es desde la
muralla desde donde se toma cabal conciencia de la ciudad. Como ha escrito Mª.
Cruz Cardete del Olmo: «El santuario extraurbano es el anverso del ágora, el
negativo de la foto, como lo es el efebo del adulto con derechos plenos. La frontera
nutre al centro de nueva sangre que defenderá dicha frontera en un proceso que
se La muralla, por lo tanto, no sólo es el dintorno del afuera sino, sobre todo, el contorno del adentro. Su dinamismo no es únicamente
centrífugo, de repulsión de lo
exterior, sino también centrípeto, de recolección de lo interior. No tiene sólo como función
rechazar al enemigo extranjero sino, también, y sobre todo, reunir a los
enemigos interiores. La mirada desde la muralla hacia el
exterior es la de la guerra, la mirada hacia el interior es la de esa otra
guerra que es la política. «La política —escribe Jean-Pierre Vernant— puede definirse como
la ciudad vista desde dentro, la vida pública de los ciudadanos entre sí, en lo
que les es común más allá de los particularismos familiares. La guerra es la
misma ciudad con su rostro vuelto hacia el exterior, la actividad del mismo
grupo de ciudadanos enfrenta- dos esta vez con algo distinto de ellos, con lo
extranjero, es decir,por regla general, con otras ciudades»
La guerra es una relación con el enemigo extraño, mientras que la política
nos pone en relación, por así decir, con el enemigo íntimo. Guerra y política son
así dos caras de lo mismo. Las dos caras de la muralla.El espacio de juego de
las relaciones recíprocas (de poder) que constituyen la comunidad política es
delimitado por la muralla. Pero al mismo tiempo la muralla establece también
relaciones de reciprocidad entre uno y otro lado de la misma. Es decir: no sólo
es comunidad
lo
que se juega intramuros de la ciudad, sino también lo que se juega entre la
ciudad y lo que fuera de ella
pugna por disolverla, por destruirla.
Peter Sloterdijk afirma en Esferas que si en la era de
la metafísica clásica prima la búsqueda de una totalidad dentro de la cual
cobijarse, en la modernidad es prioritaria la libertad, el impulso que lleva a
rebasar el horizonte. También en la muralla de la ciudad antigua podemos hallar
esos dos impulsos de cobijo y rebasamiento: la muralla configura una totalidad,
una esfera, dentro de la cual
vivir, pero al mismo tiempo apunta a lo que hay tras ella invitando a ser
traspasada. La ciudad griega (la pólis) y el imperio romano podrían ejemplificar a
mi juicio las estructuras cívico-políticas del mundo antiguo,
correspondientes a esos anhelos de
cierre y de apertura. La ciudad griega sería
el resultado de limitar la ciudad dentro de la muralla
mientras que el imperio
sería el efecto de hacer la ciudad fuera de la ciudad, allende la muralla.
«Urbem fecisti —dice Rutilio Namaciano
a Roma— quod prius orbis erat»19.
Con Roma, en efecto, el orbe se transforma en urbe20. Podríamos decir que en
la ciudad griega el límite opera fundamentalmente como determinación,mientras que en Roma
el límite es disposición21. La pólis es la ciudad en sí; elimperio es la
ciudad como lo
otro de sí.
17 J.-P. VERNANT, «La guerra de las ciudades»,
en Mito
y sociedad en la Grecia antigua,
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