jueves, 1 de mayo de 2014

El universo

Es la leche.

El sistema solar

El universo repite una y mil veces su desaparición, el objeto de este aniquilamiento es crecer. Desde nuestra contemporaneidad, entendemos crecer por producir. Nada crece, nada se somete a nuestra lógica humana. Miramos al cielo y hablamos de la capa de ozono, a pesar de que nunca la hemos visto y esto nos lleva a la previsión del tiempo, al cambio climático, al smog y al inconsciente.

El universo es una ilusión sin demostración tangible. El hombre actual relaciona tantas cosas entre sí, que ya no sabe lo que es, sino que todo lo supedita en relación a algo. Es un siquiera, es un tal vez. Esta cohesión, no es siquiera coherente. Aquí abajo sí, hay algo. Nadie lo ha llamado, luego él se llama. Es esta capacidad nuestra de autonombramiento, lo que nos sienta como una corona. La palabra muestra una cosa pero oculta otra. No sabe en qué absorber su ocupación de llamar a las cosas, y en su soledad, describe cosas más grandes, cosas que ni están, ni existen e intenta anticiparse a lo inmenso, pero esto es impropio de su finitud.



                                                                               
El hombre no está en el universo, ni está en el Cosmos, está aquí, en esta porción de materia rodeada de agua y de sol. Los techos Griegos son planos mientras que los romanos, presentan forma de bóveda. El cielo romano es pues, una bóveda. Pero hubo un tiempo en que al mirar la bóveda celeste, el vagar por el cielo le hizo indistinguible, lo que era arriba y lo que era abajo.
El dios Zeus, le hizo posible proyectarse en su transcurrir en el tiempo, gracias a la  mediación de Alcmena, a quien toma para engendrar a un humano, que gracias a la ayuda de Hermes, se convertirá en  un referente de esta significación plural. Heracles.
El transcurrir de Heracles es el paso, para llegar a convertirse en un dios inmortal, Lo temporal no es el “yo he sido” sino que es el estoy siendo y la única manera de conseguirlo era  mamar de los senos de Hera, pero ella se inhibe de amamantarlo. Ella interpela la voluntad de Zeus.






Los senos de Hera  a nuestros sentidos son ideas abstractas, Heracles como humano queda sin consideración,  pero aun así, el relato otorga a la vista una posición de dominio.
El dios Hermes, mensajero de los dioses, se acredita como determinante en la resolución del litigio y aprovechando que Hera dormía, lo puso en su pecho, para que amamantara de su leche divina.
 Pero al despertar y descubrir a Heracles, la diosa lo retira bruscamente y la leche brota sin cesar constantemente siguió fluyendo.
Con el fluir de la leche, el espacio se siguieron generando y por tanto todas las consideraciones de espacio surgieron en contraposición al efecto vulgar del verdadero fenómeno, pues esparciéndose “espacia” todo el universo, indica el principio de toda tempraneada, ese espaciamiento recibe el nombre de creación (Mnemea) .que estructura el contenido con el sentido de  ahora ya está siendo. (Mnemea) es siempre un hacer continuo, sin detenimiento de ningún tipo. Dando origen a la vía láctea.
Esta indeterminación ya no la sentimos como verdad, porque ha alcanzado un comportamiento retrospectivo y no hacemos ningún esfuerzo por recuperarlo. Lo que fue ha dado un giro interpretativo. Pero la ciencia, que investiga, no esta tan lejos  de  aquella maraña de ideas que aglutina todo, encerrándolo en una sucesión de formulas, de reglas y de metodologías que incluso no es deseable. Lo imaginado, es una verdad irrestricta. Esta más allá de mí.
Parece imposible imaginarse nada parecido, salvo que demos a nuestros sentidos una preponderante autoridad sobre la racionalidad. La ciencia ha reorganizado nuestro comportamiento y no hay ni siquiera un afán de búsqueda.


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