Es la leche.
El sistema
solar
El universo
repite una y mil veces su desaparición, el objeto de este aniquilamiento es
crecer. Desde nuestra contemporaneidad, entendemos crecer por producir. Nada
crece, nada se somete a nuestra lógica humana. Miramos al cielo y hablamos de
la capa de ozono, a pesar de que nunca la hemos visto y esto nos lleva a la
previsión del tiempo, al cambio climático, al smog y al inconsciente.

El universo
es una ilusión sin demostración
tangible. El hombre actual relaciona tantas cosas entre sí, que ya no sabe lo
que es, sino que todo lo supedita en relación a algo. Es un siquiera, es un tal vez. Esta cohesión, no
es siquiera coherente. Aquí abajo sí, hay algo. Nadie lo ha llamado, luego él
se llama. Es esta capacidad nuestra de autonombramiento, lo que nos sienta como
una corona. La palabra muestra una cosa pero oculta otra. No sabe en qué
absorber su ocupación de llamar a las cosas, y en su soledad, describe cosas más
grandes, cosas que ni están, ni existen e intenta anticiparse a lo inmenso,
pero esto es impropio de su finitud.
El hombre no
está en el universo, ni está en el Cosmos, está aquí, en esta porción de
materia rodeada de agua y de sol. Los techos Griegos son planos mientras que
los romanos, presentan forma de bóveda. El cielo romano es pues, una bóveda.
Pero hubo un tiempo en que al mirar la bóveda celeste, el vagar por el cielo le
hizo indistinguible, lo que era arriba y lo que era abajo.
El dios Zeus,
le hizo posible proyectarse en su transcurrir en el tiempo, gracias a la mediación de Alcmena, a quien toma para engendrar
a un humano, que gracias a la ayuda de Hermes, se convertirá en un referente de esta significación plural. Heracles.
El
transcurrir de Heracles es el paso, para llegar a convertirse en un dios
inmortal, Lo temporal no es el “yo
he sido” sino que es el estoy siendo y la única manera de conseguirlo era mamar de los senos de Hera, pero ella se
inhibe de amamantarlo. Ella interpela la voluntad de Zeus.
Los senos de
Hera a nuestros sentidos son ideas
abstractas, Heracles como humano queda sin consideración, pero aun así, el relato otorga a la vista una
posición de dominio.
El dios
Hermes, mensajero de los dioses, se acredita como determinante en la resolución
del litigio y aprovechando que Hera dormía, lo puso en su pecho, para que
amamantara de su leche divina.
Pero al despertar y descubrir a Heracles, la
diosa lo retira bruscamente y la leche brota sin cesar constantemente siguió
fluyendo.
Con el fluir
de la leche, el espacio se siguieron generando y por tanto todas las
consideraciones de espacio surgieron en contraposición al efecto vulgar del
verdadero fenómeno, pues esparciéndose “espacia” todo el universo, indica
el principio de toda tempraneada, ese espaciamiento recibe el nombre de creación
(Mnemea) .que estructura el contenido con el sentido de ahora
ya está siendo. (Mnemea) es siempre un hacer continuo, sin detenimiento de
ningún tipo. Dando origen a la vía láctea.
Esta indeterminación
ya no la sentimos como verdad, porque ha alcanzado un comportamiento
retrospectivo y no hacemos ningún esfuerzo por recuperarlo. Lo que fue ha dado
un giro interpretativo. Pero la ciencia, que investiga, no esta tan lejos de
aquella maraña de ideas que aglutina todo, encerrándolo en una sucesión de
formulas, de reglas y de metodologías que incluso no es deseable. Lo imaginado,
es una verdad irrestricta. Esta más allá de mí.
Parece
imposible imaginarse nada parecido, salvo que demos a nuestros sentidos una
preponderante autoridad sobre la racionalidad. La ciencia ha reorganizado
nuestro comportamiento y no hay ni siquiera un afán de búsqueda.
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