El Arte es un
lugar allanado. No es un terreno donde sembrar el pensar, ni es el ámbito donde
debamos proceder a un dejar ir las cosas. El llamado “arte” surge del
desasirse. Es un extravio, que desgraciadamente, ya hace mucho tiempo hemos convertido
en útil. Para el artista hay un escaparate y un escenario de vivos colores
mientras un grupo de personas busca reconocerse como público, cada uno acepta
su rol, cada uno conoce su sitio y su lugar. Todo ha sido predeterminado, El
artista “mantiene” al público, al espectador, al observador. Esta expresión
proviene de la contracción “manu tenere”
compuesta de “manus” mano y “tenere” retener, esto concierne también al que
resulta “mantenido” por las manos de otro, al que como a un numero que le ha sido
asignado, se mantiene en el lugar que debe.
Un gesto de urbanidad. No es del
todo cierto pero, solo hay arte en la
ciudad. El campo, hace tiempo que ha sido industrializado y el campesino es tan
urbano como el hombre que vive en una ciudad. El “urbanitas” detesta el campo. Vemos al pintor en su
estudio y al pianista en el escenario. La naturalidad con la que aceptamos sus
artes, dejándonos llevar por la música y por los colores de uno y otro es lo
que pongo en duda. Ambos han forzado su “proceder” espontaneo para
desenvolverse en un ámbito que no es el suyo. Horas de prácticas, días de
entrenamiento continuo… el cuerpo y la
mente se sistematizan a la manera en que lo haría una maquina. Lo que los mantiene unidos es el ritmo, la
inmutabilidad de transformarse. Lo que no es, es lo que oímos como lo que no
vemos, es lo que percibimos. De tal forma la gente que les rodea les pregunta
siempre por una descripción de las mismas. El hombre sistematizado es el
artista, el ámbito de su sistematización es el estilo. Una y otra vez repite
los mismos gestos hasta conseguir “parecidos”, hay semejanzas por doquier.
Cuando descubre algo nuevo, lo repite una y otra vez, cada vez con menor asombro.
La novedad se absorbe cada vez más fácilmente. El “decir” del artista se
convierte en un “no decir” hasta convertirse el mismo en un ser alienado, un
robot dentro de una caja de cristal. Una persona mecanizada arrasada por la
subjetividad de la modernidad, que no piensa. Necesitaremos a atravesar algún día
este campo exterminado. No puede ser de verdad, que distingamos “artistas” de
“no artistas”. El carácter artístico del
hombre, viene de suyo. Su pensar
proviene de su esencia. Nadie duda suficientemente, en términos energéticos es
un degaste detenerse en algún punto cuando todo el mundo sigue avanzando. No
hay provecho, no hay utilidad. El artista cuando ejecuta algo, ya sabe lo que
será. Hay una intuición, un resquicio, en la que sopesa la acción a realizar y evalúa
el posible resultado. Su pensar está condicionado La industrialización del arte conlleva su
abandono cuando las condiciones económicas cambian. A mayor proliferación,
mayor destrucción. Es un franco contrasentido llamarse creador de algo cuando
trabajas desde la previsión. Cuando solo transformas. Es el pensar, cuando se
instala en la duda y solo cuando permanece allí, cuando busca el decir. Sale
hacia afuera.
jueves, 20 de marzo de 2014
La estética del fist fucking
La estética
del fist fucking
Parece, que
el hombre construye su identidad a través del rol. Al recién nacido, se le
implantan culturalmente, el rosa o el azul según sus sexos. Tener genitales, no
significa irremediablemente, tener que asumir todo el rigor, de acoplarse a una
forma de ser, Se define de una situación
y a esta situación se la denomina de
alguna forma. Denominar algo, es restringir de alguna forma su significado,
indica una deformación del sentido con
el que es percibido. Muchas veces es una definición demasiado simplista y
general. Bueno, malo, feo, bonito… A primera vista, parece que la voluntad, es
la que forma, que algo que todavía no es comprensible, pueda ser aceptado. Si
es el deseo, el que subyace a todo esto, el deseo será anterior a la voluntad.
La estética erótica es un nexo entre voluntad y deseo. Pero la denominación trastoca
lo percibido y no nos deja percibir la polisemia
de todas las posibles denominaciones que serán restringidas. Así las cosas, no
es lo mismo llamar a algo erótico que pornográfico, ni la voz inglesa Fist
Fucking se corresponde plenamente con el termino de follar con la mano. Además, yo mismo he violado el juego, titulando este escrito “la estética del Fist
Fucking”, con lo que parece que intento hacer comprensible el carácter visual y
pasivo de una práctica sexual.
El sujeto es cuestionado constantemente, por un
ambiente que lo forma. Cuando el
sujeto adquiere habilidades sociales y de comportamiento, ya es demasiado
tarde… su espíritu crítico ha desaparecido para siempre. Entonces se volverá
mucho más superficial al analizar otras cuestiones. Todo lo que tenga que ver
con un principio, aparecerá como un punto ciego. Ni tan siquiera se apercibirá
de ello.
El Fist
Fucking es un reclamo contra la política costumbrista del coito. Cuando surgió,
seguramente, carecería de denominación, igual fue en la edad de piedra. No
habría, por entonces influencia social ni moral, hablamos de personas libres.
Ahora parece
que el Fist Fucking pertenece a la masa. Y el problema más difícil es
investigar, como se ha instigado a tanta gente, a dar este estimulo respuesta.
El fist
Fucking, como bien sabemos hoy en día es una práctica en expansión. Su difusión
tendría un punto de partida reciente y se debería a un congreso medico en la
que un medico relataba que esta era una de las practicas favoritas de un
paciente suyo. Recordemos que durante esta época la homosexualidad era tratada
con electroshocks.
En los
primeros videos sobre el tema, los participantes llevaban mascaras. Esta práctica
iba por entonces asociada al sadomasoquismo, y este a su vez al sentimiento
religioso.
La estética
religiosa valora el sufrimiento. Jesús, sufre por “nosotros”, es un sufrimiento
bonito, estético, banal que se traduce en unas estatuas que son pasadas por
toda la ciudad durante semana santa. Son siglos de hacer sufrir a la gente. El
mercado de consumo devalúa al individuo que vive obsesionado por alcanzar la imagen publicitaria de una sexualidad
inalcanzable. A los 22 eres joven, a los 28, ya te has devaluado por
completo, a los 40 eres material de desecho. Ha habido una transposición de
papeles, el lugar que ocupaba la inquisición, lo ocupa la industria de las
tarjetas de crédito. El sufrimiento por llegar a final de mes y alcanzar un
tono corporal imposible. El lugar de la inquisición ha sido suplantado por una
mezcla de sexualidad y dolor, es posible que resulte muy placentero también,
pero esto no es el tema del asunto, sino su “estética”, aquello que nos atrae
por ser visualmente deseable. En una
sociedad audiovisual, la estética del
fist fucking surge de la difusión de imágenes por una conciencia “de pose”.
Es subvertir la sensibilidad dieciochesca
en la especulación de que el hombre no puede entenderse y que siempre
ira en búsqueda de lo nuevo. El objetivo estético es obtener una respuesta emocional
abrupta. Lo que se siente es un ir mas allá, para provocar una descarga de
adrenalina en el receptor.
Esta
estética, con la mano entrando y saliendo de la cavidad corporal, el movimiento
de la mano entrando, repercute en la totalidad del cuerpo yacente, ambos son un
engranaje de emociones compartidas, ahora los dos cuerpos son uno, no se
dividen, hay jerarquía en cada movimiento, que es perfectamente coordinado por
la misma acción vital que justifica la toma de la totalidad. La visión nos
aturde, pero además nos socava la capacidad de valorar y mucho menos, de juzgar
lo que estamos viendo. El cuerpo desnudo, las prendas intimas o el mismo coito,
es demasiado natural como para llamarnos la atención. Hablamos, por encima de
todo, de emociones. Hay un acto de complicidad entre dos personas, una que
realiza la adhesión al mundo de un
cuerpo convergente que entra de lleno en un dinamismo íntimo con otro, ambos
combinan la constancia de sus movimientos con la estilización del sentido con
el que las imágenes entran en conflicto con el sentido mismo de mimesis. Es un “hacer”
que se deja hacer.
Estamos
pasmados. Vemos una estética dentro de la sexualidad y no un acto contra el
falo. En termino visuales, lo observado constituye un mundo real y sensible que
es identitario, bien podría tratarse de un “uso” minoritario, pero el hecho de
ver su proliferación en el ámbito del ciberespacio, presupone que “aquello” existe en alguna parte, marca una concordancia
con un pensar, con un modelo mimético que embota el pensar. Personas respecto.
La difusión del Fisting transmite el acto
homogeneizador, vemos un trípode entre una mano y un ojo. Es un movimiento a la
manera en que Winckelman describe un cuadro. Hay un movimiento semejante a las
olas que mecen los barcos en el mar. No hay discurso, no hay argumento porque
no lo entendemos desde la lógica. Dos piernas de que
somos nosotros los que estamos en discordancia o nos sugestiona a imitarlo, pues es lo deseado
por nosotros y ya existe. Hemos llegado tarde.
Toda la
sensibilidad de Baumgarten a Kant es enaltecida, por el sentir de unos labios
entrecerrados unos labios, ellos hacen del avanzar un detenerse. Es un ámbito en desarrollo, tal como lo hace deseable, es constatar que todo el mundo ya ha llegado, y nosotros
somos los raros. Tal como Lo bello es también lo frágil. Las gentes, todavía respondemos
a unos estímulos Platónicos, que desde
aquellos tiempos, reconocen en lo visual un medio para acrecentar la pasividad
del espectador.
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