La estética
del fist fucking
Parece, que
el hombre construye su identidad a través del rol. Al recién nacido, se le
implantan culturalmente, el rosa o el azul según sus sexos. Tener genitales, no
significa irremediablemente, tener que asumir todo el rigor, de acoplarse a una
forma de ser, Se define de una situación
y a esta situación se la denomina de
alguna forma. Denominar algo, es restringir de alguna forma su significado,
indica una deformación del sentido con
el que es percibido. Muchas veces es una definición demasiado simplista y
general. Bueno, malo, feo, bonito… A primera vista, parece que la voluntad, es
la que forma, que algo que todavía no es comprensible, pueda ser aceptado. Si
es el deseo, el que subyace a todo esto, el deseo será anterior a la voluntad.
La estética erótica es un nexo entre voluntad y deseo. Pero la denominación trastoca
lo percibido y no nos deja percibir la polisemia
de todas las posibles denominaciones que serán restringidas. Así las cosas, no
es lo mismo llamar a algo erótico que pornográfico, ni la voz inglesa Fist
Fucking se corresponde plenamente con el termino de follar con la mano. Además, yo mismo he violado el juego, titulando este escrito “la estética del Fist
Fucking”, con lo que parece que intento hacer comprensible el carácter visual y
pasivo de una práctica sexual.
El sujeto es cuestionado constantemente, por un
ambiente que lo forma. Cuando el
sujeto adquiere habilidades sociales y de comportamiento, ya es demasiado
tarde… su espíritu crítico ha desaparecido para siempre. Entonces se volverá
mucho más superficial al analizar otras cuestiones. Todo lo que tenga que ver
con un principio, aparecerá como un punto ciego. Ni tan siquiera se apercibirá
de ello.
El Fist
Fucking es un reclamo contra la política costumbrista del coito. Cuando surgió,
seguramente, carecería de denominación, igual fue en la edad de piedra. No
habría, por entonces influencia social ni moral, hablamos de personas libres.
Ahora parece
que el Fist Fucking pertenece a la masa. Y el problema más difícil es
investigar, como se ha instigado a tanta gente, a dar este estimulo respuesta.
El fist
Fucking, como bien sabemos hoy en día es una práctica en expansión. Su difusión
tendría un punto de partida reciente y se debería a un congreso medico en la
que un medico relataba que esta era una de las practicas favoritas de un
paciente suyo. Recordemos que durante esta época la homosexualidad era tratada
con electroshocks.
En los
primeros videos sobre el tema, los participantes llevaban mascaras. Esta práctica
iba por entonces asociada al sadomasoquismo, y este a su vez al sentimiento
religioso.
La estética
religiosa valora el sufrimiento. Jesús, sufre por “nosotros”, es un sufrimiento
bonito, estético, banal que se traduce en unas estatuas que son pasadas por
toda la ciudad durante semana santa. Son siglos de hacer sufrir a la gente. El
mercado de consumo devalúa al individuo que vive obsesionado por alcanzar la imagen publicitaria de una sexualidad
inalcanzable. A los 22 eres joven, a los 28, ya te has devaluado por
completo, a los 40 eres material de desecho. Ha habido una transposición de
papeles, el lugar que ocupaba la inquisición, lo ocupa la industria de las
tarjetas de crédito. El sufrimiento por llegar a final de mes y alcanzar un
tono corporal imposible. El lugar de la inquisición ha sido suplantado por una
mezcla de sexualidad y dolor, es posible que resulte muy placentero también,
pero esto no es el tema del asunto, sino su “estética”, aquello que nos atrae
por ser visualmente deseable. En una
sociedad audiovisual, la estética del
fist fucking surge de la difusión de imágenes por una conciencia “de pose”.
Es subvertir la sensibilidad dieciochesca
en la especulación de que el hombre no puede entenderse y que siempre
ira en búsqueda de lo nuevo. El objetivo estético es obtener una respuesta emocional
abrupta. Lo que se siente es un ir mas allá, para provocar una descarga de
adrenalina en el receptor.
Esta
estética, con la mano entrando y saliendo de la cavidad corporal, el movimiento
de la mano entrando, repercute en la totalidad del cuerpo yacente, ambos son un
engranaje de emociones compartidas, ahora los dos cuerpos son uno, no se
dividen, hay jerarquía en cada movimiento, que es perfectamente coordinado por
la misma acción vital que justifica la toma de la totalidad. La visión nos
aturde, pero además nos socava la capacidad de valorar y mucho menos, de juzgar
lo que estamos viendo. El cuerpo desnudo, las prendas intimas o el mismo coito,
es demasiado natural como para llamarnos la atención. Hablamos, por encima de
todo, de emociones. Hay un acto de complicidad entre dos personas, una que
realiza la adhesión al mundo de un
cuerpo convergente que entra de lleno en un dinamismo íntimo con otro, ambos
combinan la constancia de sus movimientos con la estilización del sentido con
el que las imágenes entran en conflicto con el sentido mismo de mimesis. Es un “hacer”
que se deja hacer.
Estamos
pasmados. Vemos una estética dentro de la sexualidad y no un acto contra el
falo. En termino visuales, lo observado constituye un mundo real y sensible que
es identitario, bien podría tratarse de un “uso” minoritario, pero el hecho de
ver su proliferación en el ámbito del ciberespacio, presupone que “aquello” existe en alguna parte, marca una concordancia
con un pensar, con un modelo mimético que embota el pensar. Personas respecto.
La difusión del Fisting transmite el acto
homogeneizador, vemos un trípode entre una mano y un ojo. Es un movimiento a la
manera en que Winckelman describe un cuadro. Hay un movimiento semejante a las
olas que mecen los barcos en el mar. No hay discurso, no hay argumento porque
no lo entendemos desde la lógica. Dos piernas de que
somos nosotros los que estamos en discordancia o nos sugestiona a imitarlo, pues es lo deseado
por nosotros y ya existe. Hemos llegado tarde.
Toda la
sensibilidad de Baumgarten a Kant es enaltecida, por el sentir de unos labios
entrecerrados unos labios, ellos hacen del avanzar un detenerse. Es un ámbito en desarrollo, tal como lo hace deseable, es constatar que todo el mundo ya ha llegado, y nosotros
somos los raros. Tal como Lo bello es también lo frágil. Las gentes, todavía respondemos
a unos estímulos Platónicos, que desde
aquellos tiempos, reconocen en lo visual un medio para acrecentar la pasividad
del espectador.

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