jueves, 20 de marzo de 2014

El arte es un lugar allanado

El Arte es un lugar allanado. No es un terreno donde sembrar el pensar, ni es el ámbito donde debamos proceder a un dejar ir las cosas. El llamado “arte” surge del desasirse. Es un extravio, que desgraciadamente, ya hace mucho tiempo hemos convertido en útil. Para el artista hay un escaparate y un escenario de vivos colores mientras un grupo de personas busca reconocerse como público, cada uno acepta su rol, cada uno conoce su sitio y su lugar. Todo ha sido predeterminado, El artista “mantiene” al público, al espectador, al observador. Esta expresión proviene de la contracción  “manu tenere” compuesta de “manus” mano y “tenere” retener, esto concierne también al que resulta “mantenido” por las manos de otro, al que como a un numero que le ha sido asignado, se mantiene en el lugar que debe.                                                                                                 Un gesto de urbanidad. No es del todo cierto pero,  solo hay arte en la ciudad. El campo, hace tiempo que ha sido industrializado y el campesino es tan urbano como el hombre que vive en una ciudad. El “urbanitas”  detesta el campo. Vemos al pintor en su estudio y al pianista en el escenario. La naturalidad con la que aceptamos sus artes, dejándonos llevar por la música y por los colores de uno y otro es lo que pongo en duda. Ambos han forzado su “proceder” espontaneo para desenvolverse en un ámbito que no es el suyo. Horas de prácticas, días de entrenamiento continuo…  el cuerpo y la mente se sistematizan a la manera en que lo haría una maquina.  Lo que los mantiene unidos es el ritmo, la inmutabilidad de transformarse. Lo que no es, es lo que oímos como lo que no vemos, es lo que percibimos. De tal forma la gente que les rodea les pregunta siempre por una descripción de las mismas. El hombre sistematizado es el artista, el ámbito de su sistematización es el estilo. Una y otra vez repite los mismos gestos hasta conseguir “parecidos”, hay semejanzas por doquier. Cuando descubre algo nuevo, lo repite una y otra vez, cada vez con menor asombro. La novedad se absorbe cada vez más fácilmente. El “decir” del artista se convierte en un “no decir” hasta convertirse el mismo en un ser alienado, un robot dentro de una caja de cristal. Una persona mecanizada arrasada por la subjetividad de la modernidad, que no piensa. Necesitaremos a atravesar algún día este campo exterminado. No puede ser de verdad, que distingamos “artistas” de “no artistas”.  El carácter artístico del hombre,  viene de suyo. Su pensar proviene de su esencia. Nadie duda suficientemente, en términos energéticos es un degaste detenerse en algún punto cuando todo el mundo sigue avanzando. No hay provecho, no hay utilidad. El artista cuando ejecuta algo, ya sabe lo que será. Hay una intuición, un resquicio, en la que sopesa la acción a realizar y evalúa el posible resultado. Su pensar está condicionado  La industrialización del arte conlleva su abandono cuando las condiciones económicas cambian. A mayor proliferación, mayor destrucción. Es un franco contrasentido llamarse creador de algo cuando trabajas desde la previsión. Cuando solo transformas. Es el pensar, cuando se instala en la duda y solo cuando permanece allí, cuando busca el decir. Sale hacia afuera.

Vemos la excesiva estatización del mundo, una inmensa capa de sobrerealidad  estandarizada podrida de especulación, ya no hay intención ,los “no artistas” han abandonado ya, esa complicidad en la que no hay concordancia entre el fetiche y lo sagrado.

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