La
artisticidad de la nada
Es
improbable que “la nada” exista. ”La nada” no es y por ello al llamarlo como un
“es”, no puede relatar suficientemente esta “carencia”, esta falta de materia y
tangibilidad. Que la nada esa algo, nos
lo da su etimología. Esta dice que la nada es cosa nacida. Que la nada no sea
nada es lo que no podemos poner en duda. Y sin embargo lo llamamos como algo
que “es”. Parece que el término se nos escapa. Ni en matemáticas, ni en química
hay muchas posibilidades de que algo parecido a la nada pueda darse, de hecho
donde no vemos nada, allí donde no podemos llegar a apreciar la existencia de
algo, hay más cosas de las que
imaginamos. La nada adquiere la forma de lo simbólico. Ella simboliza un
aludir. Participa en un juego planteando respecto a la totalidad, o como diría Heidegger,
a modo de pregunta, porque haya algo y no más bien nada. No es presencia y no
es ausencia. “la nada” es primordial a la
aparición de una causa. La nada no puede argumentar acerca de por qué hay algo.
Si la nada es de alguna manera origen, lo es “a pesar de” y no mediante su inacción. Esto contradice su propia definición.
Muy compleja, aunque es posible tratarlo desde diferentes argumentaciones. La
nada tiene un doble significado, por un lado expresaría la vacuidad y por el
otro sería el de fundamento. Si “la nada” existe, no puede ser vacuidad y si es
fundamento, este tiene que ser utópico.
“La nada” no
se hace efectiva como fenómeno, porque no afecta a la temporalidad entera, ni
permite desarrollarse. Niega el comprender. “La nada” no llega a ser. Todo
tiene la estructura de algo, pero la carencia de esta, lo indetermina.
La nada es
en latín res nata y etimológicamente significa cosa nacida. Heidegger se
equivoca al pensar la nada como la
angustia ante la muerte. La existencia está ligada a la nada, aunque no
aparezca. Ya Parmenides dijo que solo
podemos hablar de lo que es, ya que
lo que no es, no puede ser pensado. Luego la nada es una posibilidad, aunque no
es aprehensible.
“La nada” es
la negación del “todo”. Carencia de significado y carencia de materia, repetición
vacía del infinito. Podemos imaginarnos
la posibilidad de que sea inmutable e
infinita. En matemáticas, la
asociamos al cero, en la vida cotidiana a la cancelación de algo, que es
suprimido. La carencia de masa, la ausencia de presencia.
Pero “la
nada” es anterior a cualquier negación, es anterior al hombre, es anterior a la
existencia. Lo artístico es un concepto de la razón, Es esta suerte de
objetividad de colocarme en medio y de computarlo, como si dentro de este
decorado imaginario, fuese aprehensible es lo que no es enjuiciable, pues es
divergente con el pensar. No es asumible, no representa, no significa. Esta
vacuidad lingüística, ha sido y será continuamente planteada como la negación frustrante
a la que va emparejada. El arte se asemeja a la nada como a la negación efectiva
de lo real, de la materia en la que socava cualquier acomodo, traspasa lo
cognoscible, lo tangible y lo racional.
No es el
arte una forma de racionalidad sino un estarse constantemente cuestionando. Su práctica supone un ir contra la ortodoxia
alienante. Ir contra esta corriente es anularse y de hecho el artista más
elevado es el más silencioso. No dice, no hace, no se acomoda a esta utilidad
vergonzante del producir de las cosas y del ser útil. Es la totalidad de la
nada, la que permanece en pie, el emblema de la inacción que nos lleva al
cambio.
La nada seguirá
siendo inalterable al cambio. Lo artístico dejara de serlo, a no ser que el
artista, deliberadamente deje de serlo.

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