lunes, 24 de marzo de 2014

La artisticidad de la nada

La artisticidad de la nada

Es improbable que “la nada” exista. ”La nada” no es y por ello al llamarlo como un “es”, no puede relatar suficientemente esta “carencia”, esta falta de materia y tangibilidad.  Que la nada esa algo, nos lo da su etimología. Esta dice que la nada es cosa nacida. Que la nada no sea nada es lo que no podemos poner en duda. Y sin embargo lo llamamos como algo que “es”. Parece que el término se nos escapa. Ni en matemáticas, ni en química hay muchas posibilidades de que algo parecido a la nada pueda darse, de hecho donde no vemos nada, allí donde no podemos llegar a apreciar la existencia de algo,  hay más cosas de las que imaginamos. La nada adquiere la forma de lo simbólico. Ella simboliza un aludir. Participa en un juego planteando respecto a la totalidad, o como diría Heidegger, a modo de pregunta, porque haya algo y no más bien nada. No es presencia y no es ausencia.  “la nada” es primordial a la aparición de una causa. La nada no puede argumentar acerca de por qué hay algo. Si la nada es de alguna manera origen, lo es “a pesar de”  y no mediante su inacción. Esto contradice su propia definición. Muy compleja, aunque es posible tratarlo desde diferentes argumentaciones. La nada tiene un doble significado, por un lado expresaría la vacuidad y por el otro sería el de fundamento. Si “la nada” existe, no puede ser vacuidad y si es fundamento, este tiene que ser utópico.
“La nada” no se hace efectiva como fenómeno, porque no afecta a la temporalidad entera, ni permite desarrollarse. Niega el comprender. “La nada” no llega a ser. Todo tiene la estructura de algo, pero la carencia de esta, lo indetermina.
La nada es en latín  res nata y etimológicamente significa cosa nacida. Heidegger se equivoca al pensar la nada como la angustia ante la muerte. La existencia está ligada a la nada, aunque no aparezca. Ya  Parmenides dijo que solo podemos hablar de lo que es, ya que lo que no es, no puede ser pensado. Luego la nada es una posibilidad, aunque no es aprehensible.
“La nada” es la negación del “todo”. Carencia de significado y carencia de materia, repetición vacía del infinito.  Podemos imaginarnos la posibilidad de que sea inmutable e infinita. En matemáticas, la asociamos al cero, en la vida cotidiana a la cancelación de algo, que es suprimido. La carencia de masa, la ausencia de presencia.
Pero “la nada” es anterior a cualquier negación, es anterior al hombre, es anterior a la existencia. Lo artístico es un concepto de la razón, Es esta suerte de objetividad de colocarme en medio y de computarlo, como si dentro de este decorado imaginario, fuese aprehensible es lo que no es enjuiciable, pues es divergente con el pensar. No es asumible, no representa, no significa. Esta vacuidad lingüística, ha sido y será continuamente planteada como la negación frustrante a la que va emparejada. El arte se asemeja a la nada como a la negación efectiva de lo real, de la materia en la que socava cualquier acomodo, traspasa lo cognoscible, lo tangible y lo racional.
No es el arte una forma de racionalidad sino un estarse constantemente cuestionando.  Su práctica supone un ir contra la ortodoxia alienante. Ir contra esta corriente es anularse y de hecho el artista más elevado es el más silencioso. No dice, no hace, no se acomoda a esta utilidad vergonzante del producir de las cosas y del ser útil. Es la totalidad de la nada, la que permanece en pie, el emblema de la inacción que nos lleva al cambio.

La nada seguirá siendo inalterable al cambio. Lo artístico dejara de serlo, a no ser que el artista, deliberadamente deje de serlo.

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