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lunes, 7 de julio de 2014

Las espinas de las palabras







Percepción

El termino “percepción” es inasible. Carece de designación aunque apriorísticamente lo usamos para vincular cosas que podemos nombrar. Basta notar que “la percepción” autentifica aquello que semánticamente podríamos poner en duda. Los sentidos siembran una reconstitución del significado cuando la apelación que realizábamos de esa idea ya no se vincula con el pasado.
Desde el pasado, la experiencia se torna inauténtica.
Todo lo que no es presente es memoria.
Todo lo recordado deja de ser percibido.
La percepción puede ser retrospectiva incluso. Pero no es recuperable.
Intentamos percibir el pasado en el presente. De hecho el presente es algo que “ya ha pasado”.
Las palabras limitan lo pasado como algo que se hace efectivo en el pasado.
Lo que se esconde en el decir, no es posible aprehenderlo con el pensar. Las palabras son inadecuadas a nuestro sentir. La percepción sobrepasa lo nombrado, todo el pensamiento “lógico”, todo el racionalismo cae como todo el proceso de extracción de sentido y de fabricación de términos.

Las palabras “imponen” significado. Pero ellas mismas “no significan”. La equivalencia termino- significado significa dominio. El lenguaje es la estructura que intentamos dominar para explicar las cosas. Lo que percibimos es parte de un deslizamiento de algo que tiene su origen, tiene un desarrollo y se supone que tendrá un final. Este “deslizamiento” muestra solamente un pequeño fragmento de su origen. El momento concreto en el que percibimos algo que cae al suelo como una manzana desde un árbol, no significa nada más que una hipótesis. La percepción, carece de “dominio”. Guarda tantas conexiones con  cosas que no son perceptibles, que nunca llegamos a “ver” ni a “oír,” los sentidos no llegan nunca ha hacer “suyo” algo que les es ajeno.
La aparición de nuevos términos, va asociada a la aparición de nuevas ideas que modifican el comportamiento humano. Las palabras promocionan un tipo de acción, un objetivo, un alejamiento de otras ideas con las cuales entraba en conflicto. Ahora me viene a la mente una: Escrache y sé que es de factura reciente, pues es una apropiación de un término ingles, para designar algo que antes no se percibía. Aquí lo tenemos, las palabras alteran nuestra percepción del entorno, cuando entran en el juego especulativo de que todo cuanto contemplo SIGNIFICA ALGO.
Aseguramos la promoción de las ideas respecto a los términos abiertos. Cuando menos signifiquen las cosas; mejor. Aumentamos la cohesión con las fuerzas restrictivas, les damos unidad. No hay que pensar para aceptar. ¿Usted no se dio cuenta de que aquello que hacía, no se podía hacer? ¿No vio el peligro? Es muy común asentar reglas sobre ello. Las reglas suponen que cada idea y cada término proceden de un tipo de ámbito restrictivo.
Violencia de género, violencia machista, defiende tu territorio, no fumar, ceda el paso.  Todas estas ideas no se entienden sin un sistema represivo que las instaura. Pero también hay un sistema represivo “positivo” como: ¿cerrara la puerta, por favor? Lamento tener que comunicarle…
El hombre vive performativamente realizando la vida de un actor que no percibe su entorno. “nosotros” que sabemos, todavía no hemos percibido ni tan siquiera nuestro entorno más intimo: Las gafas sobre la mesita de noche y un libro abierto.




El lenguaje: esa fábrica de taras

Vivimos conforme a modelos perfectamente delimitados. A medida que nos adentramos en este mundo, ya no podemos salir. Es un movimiento unidireccional que nos empuja a entender lo que otros han establecido. Cuanto más fácilmente nos adentramos en este sistema de ideas, menos lo entenderemos. Damos por hecho la constitución de esta verdad “objetiva” que sirve para evitar que tomemos conciencia de nuestra precariedad intelectual.
Las palabras son taras. Existe un mundo definido, muy limitado, de realizaciones posibles. Un patrón estandarizado  de idealizaciones inestables y de definiciones nominales que integran al individuo en unos raíles de los que ya no se puede desprender. Las ideas formadoras de estas palabras son creadoras de la desigualdad. Esta idea la extraigo de Pierre Bordieu, que asegura que la educación es un sistema imaginado para perpetuar la desigualdad.
Las ideas son un mundo de conjuntos. En nuestro ámbito de acción, tomamos un poco de cada ámbito. Los conjuntos que tomamos los damos por ciertos, mientras que aquellos a los cuales no nos acercamos los damos por no ciertos. Es el conjunto en su totalidad, desde nuestro discurso, el que damos por cierto, pero no su “procedencia” de la cual ignoramos su origen. Profesionalmente, el policía habla desempeñando un papel que traslada a la vida diaria. En su ámbito domestico puede deshacerse un poco de este papel, pero nunca lo conseguirá del todo mientras no abandone los conjuntos de los que toma su discurso.
Las ideas se fusionan y se recombinan, el comportamiento modificado significa que aquel que lo adopta, ha abandonado el pensar en su esencia. Así, una mayor confianza, un mayor prestigio social hará de este individuo un “tarado”, un asimilador de taras. Pues la relación objetiva con el poderoso escudo protector le servirá para promocionarse


Las palabras fabrican “taras”; pequeños defectos que se magnifican y expanden por el uso. Cuando menos se adapten a lo externo, tanto mejor. El ámbito del pensar divaga buscando frecuencias superpuestas cuyo avance progresa al revés. Lo que está arriba, lo encontramos abajo. A simple vista no se reflejan los daños. Toda la estructura parece solida. Damos un golpe a la puerta, -como para llamar- y al rato toda la estructura se desmorona.


Las ideas son entes abstractas, a decir verdad; son simple energía. Aquello que pienso es una abstracción de una realidad que no llego nunca a percibir. Lo “no visto” no se piensa. Aquello que intuyo es a lo que doy el contexto de mi realidad. Las ideas se codifican en palabras. El lenguaje significa de una determinada manera completamente distinta a la de las cosas nombradas. Las ideas tienden a extender su estructura muy por encima de la posibilidad de existencia de mi entorno perceptual. Aquello que nombro deja de ser algo “potencial” para destacar una determinada forma de toda su potencialidad.
A medida que sabemos lo que las cosas son, somos nosotros los que dejamos de entender las cosas. Nuestro comportamiento respecto a a algo es modificado conforme a la actitud cognoscitiva de lo que ese algo es.
El subjetivismo del valor del nombre es el hecho de aceptar que lo nombrado permanece ligado a la estructura de nuestro lenguaje, por encima de toda indeterminación.
Dado que apresamos ideológicamente entes por medio de nombres. Nuestra relación con la verdad es disuelta por la promoción de la estructura gramatical. La identificación palabra – significado es total cuando alguien es nombrado y el ser nombrado se da por aludido.




Las palabras no dicen
Muy al contrario de lo que pudiera parecer en un primer momento, las palabras “crean la necesidad de no tener que explicarlas”. La autonomía que posee el lenguaje respecto a lo que aparece todavía como “no nombrado” es total. Toda cosa (res) nombrada adquiere el significado de objeto y por tanto, sigue siendo algo “innominado”.
Carece de importancia nombrar las cosas, pues la posibilidad de un “si mismo y para sí” no pertenece al ámbito de alguien que no se exprese. Al margen de la comunicación humana, tampoco no existen cosas. Todo lo que está sobre nuestras cabezas no se corresponde con la palabra “cielo”. Todo lo que vemos en la playa, no se corresponde con la palabra “mar”. De lo infinito e inconcreto pasamos a un modelo de entendimiento “ideal”: mar y cielo sirven para todos los mares y todos los cielos. La magia reside en que “no significan” y que si uno no ha experimentado la visión del mar y del cielo, también carecen de “imagen” que es a lo único que se remiten.

El fuego mismo es el elemento de nuestro pensar. El fuego no piensa sino que “arde”. La materia misma es transformada a través del fuego. Si hay fuego es porque reina lo simple. Lo interior es transformado en una exterioridad purificada. Censurar el lenguaje hablando es como inocular un veneno que se pretende erradicar.

El hombre actor se explica asignándose un lugar en un ámbito donde no sentir el miedo de la existencia. Un miedo que, bien podría purificarle, pero que al ser negado es trasladado a un mañana en el que aparecerá con todas sus consecuencias.

miércoles, 9 de abril de 2014

Idea/ Eidos

idea

El término idea viene del latín idea ‘idea, modelo, arquetipo’, y éste del griego ἰδέα (idea) ‘imagen ideal de un objeto’, ‘la forma’, ‘el aspecto de una cosa’, ‘el tipo’, propiamente ‘apariencia’, derivado del verbo griego ἰδεῖν (ideín) ‘ver, divisar, percibir con la vista’, cuya forma del pretérito o aoristo esεἶδον (êidon) que significa ‘yo vi’, hermano del latín videre ‘ver’. El pretérito perfecto οἶδα (oída), del infinitivo  εἰδέναι (eidénai), significa ‘saber, comprender, reconocer’.
Un sustantivo derivado del verbo griego ἰδεῖν (ideín) ‘ver, divisar’ es el sustantivo griego εἶδος (eidos) ‘el aspecto que presenta una cosa’, ‘su forma típica’, ‘prototipo, modelo, arquetipo de una cosa’. El diminutivo griego εἰδολον
Ἰδέα (idea) equivale, pues, etimológicamente, a “visión”; de ahí el verbo latino videre ‘ver’. El diminutivo griego de εἶδος (eidos) es εἴδωλον (eidolon), que dio en latín idolum (ídolo); así como εἰδύλλιον, en latín idyllĭum (idilio), que significa ‘poema breve’ de la poesía pastoril, ‘escena campestre’ de la vida pastoril.
La raíz -vid es la raíz tanto de ἰδεῖν (ideín) como de videre). Debe tenerse en cuenta, sin embargo, que esta “visión” no es sólo, ni siquiera primariamente, la que alguien tiene de algo; la “visión” a la que se refiere la ἰδέα (idea) griega es más bien el aspecto o figura que ofrece una cosa al verla. Ἰδέα (idea) significó luego tanto el aspecto de la cosa como el hecho de “verla”. Cuando se acentuó lo último la “idea” designó lo que se “ve” de una cosa cuando se contempla cierto aspecto de ésta.
La raíz indoeuropea *ueid- / *uedi- /*udi- significa ‘ver, divisar’, más tarde el pretérito perfecto οἶδα (oída), del infinitivo  εἰδέναι (eidénai), significó ‘haber visto’, ‘yo sé lo que he visto’, de ahí pasó a significar ‘saber, comprender, reconocer’. Sócrates dirá, más tarde: οἶδα οὐδὲν εἶδως (oída oudén éidos), es decir, “sólo sé que no sé nada”.
De la raíz indoeuropea *ueid- (‘ver, divisar’, ‘haber visto’) se derivaron términos como wizzen (medio alto alemán), wizzan (antiguo alto alemán),witan (gótico), witan (antiguo inglés), veta (sueco) ‘saber algo por haberlo visto’; wise (inglés moderno) ‘sabio, prudente’. De la misma raíz indoeuropea se originan en alemán moderno wissen ‘saber’, Weise ‘forma, menara’, Witz ‘chiste’, gewiss ‘cierto’, Gewissen ‘conciencia moral’,Wissenschaft ‘ciencia’.
Los Vedas son cuatro libros:
Rig Veda: de rig, sagrado, contiene los himnos a los dioses.
Sâma Veda: de saman, cántico, contiene los himnos de sacrificios y ritos.
Yajur Veda: de yajus, ritos del sacrificio, contiene los aspectos prácticos de la liturgia.
Atharva Veda: el más reciente de los Vedas, contiene las oraciones y deberes sacerdotales.
La palabra védas en indio antiguo significa ‘posesión, adquisición’; es la misma palabra que la forma verbal griega εἶδον (êidon) ‘yo vi’, en indio antiguo ‘encontré, adquirí’. La palabra está formada por la raíz vid, generalmente traducida como saber. De allí que vidya sea conocimiento y avidya, ignorancia. Esa raíz vid se relaciona con idea en griego, video en latín, wissen (‘saber’) en alemán y wit en inglés.
La tradición indoeuropea ha primado la forma de conocimiento y del saber mediente el órgano de la vista o de la ‘visión interior’, de la idea como visión. De la imagen que nos formamos sacamos la idea de la cosa como aquella visión inmutable o típica de ella. En nuestra cultura occidental hay un predominio de la visión, y no tanto de la fonación (logocentrismo que tanto criticaba Jacques Derrida): Una cosa tiene el valor que tiene su ‘imagen’ (engl. image), hay incluso “creadores de imagen” para todos aquellos que quieran triunfar, tanto en política como en sociedad. Cuando tenemos que enjuiciar las posibilidade de algo, decimos “lo veo muy difícil”, “no lo veo claro”. Decimos que las culturas tienen una “visión del mundo” (alemán: Weltanschauung).
A este Weltanschauung habría que oponer un Weltempfinden, una percepción del mundo que no sea solamente visual (que no sea sólo un vídeo). A veces usamos otras expresiones como “me lo da el corazón, y mi corazón no me engaña nunca”. En alemán se habla de tomar una decisión “aus dem Bauch heraus” (‘una decisión espontánea’, ‘una decisión visceral’, ‘una decisión sin pensar’, ‘una decisión totalmente intuitiva’). Los expertos hablan hoy de “visceral brain” (alemán: “Bauch-Hirn”), ‘inteligencia o cerebro intestinal’ para resaltar que nuestro conocimiento de las cosas no es solamente visual ni está dirigido solamente por el cerebro.
No se trata de lo que vulgarmente se llama “tener un sexto sentido”, sino de tener todos los sentidos abiertos, abrir todas las puertas de la percepción. En su autobiografía, la famosa psicoanalista alemana Hellene Deutsch se burla de un compañero psicoanalista que había escrito un libro con el título “Oír con la tercera oreja” (“Hören mit dem dritten Ohr”). Decía Hellene Deutsch que su compañero necesitaba una “tercera oreja” para oír porque estaba sordo de las dos.
El verbo español saber (desde el siglo X) está tomado del latín sapere ‘tener inteligencia’, ‘ser entendido’, ‘tener gusto’, ‘ejercer el sentido del gusto’, ‘tener tal o cual sabor’, ‘saber a algo’. Derivados: sabido, sabiduría, saborear, sabroso, desabrido, desabrimiento, consabido, resabido, resabiarse. Cultismos: sápido, insípido, sapiente, sapiencia. Los bebés, cuando ven algo brillante o que les llama la atención, lo meten en la boca, lo ‘saborean’ para conocerlo.
Xavier Zubiri postuló siempre que la forma de conocimiento humana se basa en lo que él llama la inteligencia sentiente, «que toda intelección es sentiente y, por tanto, todo modo de aprehensión de lo real, aunque no sea ni visual ni visualizable, es verdadera intelección, y lo aprehendido en ella tiene su propia inteligibilidad